26/11/15

Festival Eñe 2015. Claroscuros.

Un año más se ha celebrado el Festival de las letras españolas en el Círculo de Bellas Artes. Ya son tres las ediciones a las que he ido religiosamente. Cuando eché un vistazo a esta edición que acaba de terminar, me sentí un tanto defraudado porque vi que estaba demasiado politizada. Pero, como siempre digo, de todos podemos aprender algo. Cualquier cosa. Así que, con ese ánimo me encaminé al círculo de Bellas Artes el pasado día 20.  

Una vez que llegué allí lo primero que hice fue hacerme con mi entrada para canjearla por el número de Babelia y el programa completo del festival. Ojeando los expositores de libros girando una y otra vez, mirando unos, leyendo otras contraportadas, apuntando en mi cerebro posibles futuras compras, continué paseando. Así, paseando, eché un vistazo por ahí y, cuál fue mi sorpresa al encontrarme con una compañera de trabajo que colaboraba, sin  que yo lo supiera con una editorial de reciente aparición (mis amigas de Cazador de Ratas, a las que por su valentía e imaginación a partes iguales, seguro que dará lugar a un éxito fantástico, porque son buena gente y se lo merecen) Sorpresas te da la vida, que diría gato Pérez.

Me despedí de Eva para ir a ver mi primer diálogo intrépido del día. Fui a ver a Agustín Fernández Mallo hablar de su postpoesía y a José Edelstein que nos habló de la forma de ver la literatura desde el punto de vista de un científico. Lo que, a un tipo de letras como yo le quedó claro de la conversación, es que la forma de observar la realidad que nos rodea en un poeta es similar a los ojos de un poeta o de un científico. Dieron las pautas del método científico para mirar a nuestro alrededor buscando la metáfora, que no es más que la idea nuclear sobre la cual se base nuestro escrito. Sobre la que gire nuestro argumento. Sobre la que hacerse las preguntas pertinentes que nos hagan llegar a conclusiones inéditas y sorprendentes que sean atractivas y agradables de leer. De este modo llegaremos a unas conclusiones únicas, puesto que único ha sido nuestro punto de vista y las preguntas formuladas. Me pareció una charla altamente edificante, gratificante y enriquecedora.

Así, con una sonrisa en los labios, me encaminé a escuchar a quienes estaban declamando de manera portentosa, por cuanto yo soy incapaz de hacerlo, sus poemas. Unos mejores que otros, a mi entender, pero todos meritorios y dignos de elogio. Hasta que comenzó el diálogo intrépido entre Miguel Ríos y José Luís Pardo. ¿Qué puedo decir? Vaya chasco me llevé. Por muy receptivo que fui no vi nada digno de mención. Si no me marché fue porque mi educación no me permite abandonar un teatro una vez comenzada una función. Porque lo que perpetraron sobre el escenario del Teatro Fernando de Rojas no fue más que una función lamentable, anacrónica, politizada y vacía de todo contenido. Entiendo que la dirección del festival tendrá que tomar cartas en el asunto y obligar a que la gente se prepare un mínimo las charlas, tertulias, conversaciones o lo que sea. Este fue un espectáculo lamentable que borró mi sonrisa y me hizo lamentar profundamente la asistencia. Valga una observación: el teatro comenzó prácticamente lleno, y en menos de media hora quedaba media entrada. Tan es así, que el propio Miguel Ríos dijo que lo más triste es ver cómo el público lo abandona a uno. Así fue. Lamentable.

A la mañana siguiente iba con un sabor agridulce en la boca. Pero la literatura todo lo puede. Es el motor de mi vida y es a lo que me quiero consagrar. Aunque tenga que trabajar en una oficina ocho horas diarias mi afán, mi deseo, mi anhelo y mi sueño es vivir de la literatura. Que me proporcione su cobijo, como dice un poema de Luís Alberto de Cuenca.

Expectante ante lo acaecido el día anterior, fui a ver el espectáculo que nos tenía preparado Ana Curra. Esta señora que se hizo famosa durante la llamada Movida Madrileña es, a mi juicio, la Patti Smith española y junto al fantástico guitarrista César Scappa nos ofrecieron un espectáculo visual, poético, musical lleno de nostalgia, de preciosos ángeles y de maravillosa poesía que nos impregnó a todos y que, en mi caso, después del lamentable episodio del día anterior, me hizo volver a creer en el género humano. Gracias Ana Curra. Gracias César Scappa. Gracias Ángel. Gracias a todos. Qué maravilla de espectáculo. Grandioso. Fabuloso. Reconfortante. Es sideral la distancia del respeto demostrado por esta señora con respecto a los caballeretes que hablaron la noche anterior. Demostró tal respeto a su audiencia Ana Curra que únicamente por ello se merece todo mi cariño y admiración. Además de que lo hizo fantásticamente bien y nos ofreció lo mejor de todo el festival. Una maravilla y un acierto. Chapeau a la dirección del Festival.

Tras ese buen sabor de boca, me fui a comer a un restaurante cercano y regresé rápidamente a escuchar las poesías que nos tenían que ofrecer los poetas que fueron desfilando por la zona chillout. Hice unas cuantas compras en forma de libros de poesía y estuve dando un paseo y tomando un café. En esa misma zona estaba el festival de pequeños editores y fui a visitar de nuevo a mi compañera de trabajo y sus amigas de la editorial Cazador de Ratas. Anótense el nombre porque van a dar que hablar.

Después me hice fuerte en la tercera fila del teatro Fernando de Rojas y, donde la noche anterior habían perpetrado un atentado contra el buen gusto y buen nombre del festival, fui testigo de una epifanía poética maravillosa. Oscar Hahn, Antonio Lucas y Chus Visor nos relataron anécdotas y nos dieron una lección de poesía, de buen hacer, de cariño por las letras y de buen gusto. Además, Antonio en un acierto monumental, invitó a Oscar Hahn a cerrar la charla recitando un par de poesías. Los móviles se pusieron a funcionar y algunos grabamos su voz recitando esos versos tan maravillosos. El sabor de boca era sublime. Maravilloso. Enorme.

Después entraron el vivaracho Juan Cruz, junto a Julio Llamazares y José Luís Cuerda. Yo, que soy un fan absoluto de la magnífica película “Amanece que no es poco” disfruté de lo lindo con las anécdotas de los rodajes que nos contaba el señor Cuerda y con las magníficas salidas de Julio Llamazares y Juan Cruz. Haciendo que nos pasásemos un rato magnífico, gracias a una charla distendida y totalmente maravillosa. Gracias maestros por cambiar el agrio sabor del día anterior por ese dulcísimo de la ambrosía del poema bien declamado, de la gracia bien dicha, del buen gusto.


De modo que si mis miedos se vieron confirmados con la burda caricatura del festival y el deleznable insulto a la audiencia que perpetraron Miguel Ríos y José Luís Pardo me quedo con la maravilla de Oscar Hahn, Chus Visor y Antonio Lucas. Me quedo con la fantástica interpretación poéticovisual de César Scappa y Ana Curra. Me quedo con el surrealismo costumbrista de José Luís Cuerda, Julio Llamazares y Juan Cruz. Pero, por encima de todo, me quedo con la literatura. Con este magnífico festival que espero no decaiga y sea un punto de inflexión en la universalidad de nuestra lengua. A pesar de zotes y de propagandistas que se quieran cargar la cultura.

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