28/6/16

La desfachatez.

Según la RAE la desfachatez es la falta de vergüenza, el descaro o la desvergüenza. No creo que haya mejor modo de definir un modo de actuar taimado y falto de coherencia con los principios de uno que con esta palabra. No hay mejor modo de llamar a alguien que quiere mostrar altos ideales impostando determinadas virtudes siendo, en cambio, poseedor de los vicios que oculta. Es que, ese modo de actuar, en España es muy corriente.

Con que giremos un poquito nuestro cuello y miremos a nuestro alrededor veremos que hay situaciones y actuaciones que no pueden ser denominadas de mejor manera. Porque a nada que analicemos un poquito nuestra sociedad veremos la cantidad de desvergüenza que nos rodea. Amén de poca educación, mal gusto y peor estilo. Pero es que ha habido un problema muy grave en nuestro país: que desde los púlpitos televisivos se ha puesto como ejemplo al zafio. Se ensalza al que consigue las cosas de cualquier modo, por ilícito que sea, frente al honesto y honrado. Además, siempre se da la circunstancia de que a quien ponen de ejemplo es un paleto, un maleducado y un hortera redomado. Ahora bien, como sale en televisión y somos una sociedad de menguados mentales, crea tendencia. Por lo que tenemos un país de ignorantes, horteras y paletos además de desvergonzados y maleducados.

Después mostraremos nuestra desfachatez, con nuestra gorra a medio calar y solo incrustada a media rosca mientras escuchamos reggaeton a todo volumen, al gritar a voz en cuello nuestro descontento por los pésimos sistemas de enseñanza con que nos han obsequiado nuestros gobernantes. Por eso del qué dirán, claro, porque nos importa lo que piensen de nosotros. Y porque, en nuestro fuero interno, envidiamos, alabamos y honramos al que sale en televisión, aunque sea por un herpes genital. Lo daríamos todo; venderíamos nuestros ideales; acabaríamos con nuestros congéneres y aniquilaríamos a nuestros padres con tal de salir diez minutos en televisión y ser reconocidos en la tasca donde solemos ser atendidos por un camarero desdentado donde vamos cada día a tomar el café aguado con grasientos bollos.

En cambio, si vemos a alguien triunfar en cualquier ámbito, lo despellejamos sin miramientos. Si ese alguien que triunfa es un futbolista de nuestro equipo favorito y comete cualquier delito por grave que sea lo excusaremos sin desmayo hasta el ictus. En cambio, como sea del equipo rival y cometa un error por leve que sea, lo despellejaremos igualmente hasta el ictus. Además de decir que ha triunfado por los árbitros y las circunstancias favorables que únicamente se le permiten a él. Porque además de desvergonzados somos envidiosos y como buenos envidiosos no concebimos el bien ajeno por méritos propios. Pero lo grave es que si extrapolamos a la política este mismo caso se daría la misma desfachatez. En España no somos demócratas sino que somos hooligans de nuestros partidos políticos igual que de nuestros equipos de fútbol.

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