28/6/16

Te quiero. Relato basado en la canción "Princesa" de Joaquín Sabina

Ver la mirada vacía de tus ojos azules apagados. Observar tus erráticos movimientos y el temblor que domina tus manos. Lamentarme al ver que intentas disimularlo pero no haces más que hacer más evidente tu degradante estado. Las lágrimas gastadas, los gritos de rabia y de impotencia ante la posibilidad de perderte, hundiéndose en mi estómago. Está todo perdido. Es todo absurdo. Todo en vano. Tu sucia ropa con incierto y rancio olor a final, a game over, a acabado. Un intenso y sucio olor a sudor y otros fluidos. Tus cabellos lacios e inertes que caen ociosos sobre unos pronunciados pómulos desde cuyos valles descansa tu apagada y gélida mirada azul. Tus labios desdibujados, perdidos como tú misma, mordisqueados, inconstantes, inquietos.

La habitación apesta al aroma dulzón de la heroína. Las jeringuillas tiradas por todo el cuarto de baño con sangre reseca en su interior y tu vida en cada aguja. Los papeles de aluminio abrasados por todo el salón y la cocina. No hay cucharas. Muevo el azúcar del café que acabo de servirme con un bolígrafo. Una lágrima cae por mi rostro y emborrona aún más todo a mi alrededor. Pero está decidido. Ya no puedo pelear más. Me tropiezo con otra vacía botella de whisky barato de las que abarrotan la terraza. Las cartas del banco anunciando desahucios amontonadas en la entrada. Los ceniceros llenos de colillas y mi corazón hundido.

Veo, casi sin querer, una fotografía de hace apenas tres años. Ahí estás tú. Con tus vaqueros ceñidos y tu camisa lascivamente desabrochada insinuando unos maravillosos pechos que eran, como luego supe, deliciosamente suaves. Tu cabello dorado y rizado a semejanza de la versión rockera de Olivia Newton John en Grease que tanto te gustaba. Esos ojos vivos, brillantes, hermosos, inquietos, despiertos, ávidos, grandes, azules. Esos maravillosos ojos de gata que tenías. Que me enamoraron. Que me consiguieron y que hasta este instante me han atado a tu lado. Esos labios rojos, carnosos, deseados, añorados y apetecibles como pétalos de una rosa que se marchitó hace tiempo.

Me pediste la luna y, aún sin lograr traerla, cada noche te llevaba a la azotea de nuestro edificio a hacer el amor para estar más cerca. Cualquier cosa. Habría hecho cualquier cosa por ti. Pero ya es tarde. Porque ahora tu cadáver descansa, al fin descansa, en nuestra habitación. Ahí entre la basura en que convertiste nuestra vida he intentado dejar tu cuerpo. Rodeado de las rosas esas que tanto te gustaban. He dejado puesto el disco de la banda sonora de Grease que tanto escuchamos juntos.  Mientras sonaba "Hoplesly devoted to you" he acabado de un trago el café y he encendido un cigarro.

Estoy metiendo en esta vieja maleta todo lo que te pertenece. He vaciado mi casa de ti. He vomitado todo lo que de ti tanto daño me hacía. Esa maleta que nunca te pude llevar va a ser la que ahora vuelve a estar llena de tus cosas. Saco el móvil y marco el número de la policía, ya se saben nuestra dirección sin que les indique nada. Ahora vamos, me han dicho. He subido a nuestra azotea. Donde hacíamos el amor y desde ahí puedo escuchar la banda sonora de Grease. Las lágrimas ruedan por mi rostro. El viento envuelve mi cuerpo y su frío me hace dar un respingo. Suenan las sirenas abajo. Han traido una ambulancia también. 

No puedo ver cómo te llevan. Tú, que lo fuiste todo y dejaste de serlo, no puedes terminar así. Balanceo la maleta y la tiro por la azotea. Veo como cae y se abre en el aire desparramándose todo lo que había en su interior. Sonrío y tiro la colilla del cigarro. Oigo un ruido en la puerta de la azotea y escucho que alguien me llama. Miro atrás y no veo nada. Analizo mi futuro, mientras alguien me va diciendo cosas ininteligibles desde la puerta. Comprendo que sin ti mi futuro no existe. Miro al cielo y su color azul me recuerda tus ojos. Me dejo caer al vacío sonriendo. Suena "Sandy" en el ipod de la habitación. Pero ya es demasiado tarde, princesa, voy contigo. Fijo la mirada en el asfalto de la calle que se acerca raudo. Escucho los gritos de los vecinos y de la policía. Sonrío un poco y me dejo llevar hasta ti. A tu lado. La música se acaba repentinamente.


No hay comentarios:

Publicar un comentario