23/9/16

En serie.

En la cinta transportadora podemos ver brazos, piernas, torsos y cabezas desfilando sin pausa. Es una cadena de montaje perpetua y constante. Se premia la paciencia y la calma. Se ensamblan las piezas con constancia y sosiego. Los operarios son pausados. De hecho, el dicho: "sin prisa pero sin pausa" cobra todo su sentido al mirar esta cadena de montaje. Una vez montados los cuerpos pasarán a una sala nueva. En la que podremos ver cómo unos van al montón del pelo moreno y ojos castaños; otros al del pelo rubio y ojos verdes; los de más allá irán a la zona pelirroja, y así sucesivamente.

Lunares, cejas arqueadas y pómulos altos van apareciendo en los muñecos aquí y allá. En esta canasta los que tienen rizado el pelo; en la otra los que tienen un antojo; ésta va a ser la de los que tienen seis dedos... Para diferenciarlos. Para hacerlos únicos. Para personalizarlos. Así se van terminando de ensamblar. Los pies egipcios o cuadrados. El rostro alargado o redondo. Los ojos almendrados o saltones. Gafas o audífonos. Cojera, mudez, ceguera o manco. Un hoyuelo en la barbilla. Narices aguileñas, rectas, largas. Cuellos alargados o cortos. Se va decidiendo aleatoria y concienzudamente.

Cuando se termina el montaje del cuerpo y sus aderezos se pasa a la zona de vestuario. Se decidirá el gusto de cada uno. Si va a ir vestido con vaqueros, zapatillas y camiseta; o si la indumentaria elegida será en traje riguroso, con corbata y gemelos; si ellas irán con falda, más o menos corta, o con ropa más o menos ceñida. Se decidirá si van a ir a la moda o serán clásicos y todo cuanto se les ocurra.

Después, cuando su indumentaria y gustos personales ha sido definitivamente decidida, pasarán a la distribución geográfica de los muñecos. Para ello se pondrán unos pocos de cada clase para cada lugar de acogida. Se eligen las zonas a poblar y se les va enviando en surtidos y variados grupos. Tres de vaquero, cuatro de traje, seis ceñidas, dos con falda y una en pantalón a un lado. En otros lados otras distribuciones, dependiendo del gusto del que distribuye. Así se van poblando las zonas del modo más heterogéneo y aleatorio posible.

Cuando son depositados en sus determinados lugares una sirena les da la bienvenida. Todos, al unísono y sin excepción, dejan lo que estén haciendo y se yerguen abriendo los ojos como platos esperando ser programados. En dicha programación se les dirá lo que se espera de ellos. Cuál es el futuro que les espera. Las ideas y creencias que deben tener. Lo que tienen que sentir en cada ocasión. Si son más o menos sensibles. Sus pensamientos. Sus reacciones. Todo se calcula al milímetro, sin dejar nada al azar. Se decide cuándo han de llorar, cuándo reír y cuándo enfadarse. La fase final de la programación consistirá en dejarlos marchar a formar sus familias y así vivir "libremente".

Algo así deben pensar en España que es la sociedad. A través de una dañina manipulación han ido fabricando una sociedad anestesiada, ignorante y maleable. Es ésta, una manufactura cruel e interesada, para crear conciencias a su antojo. Modelar cerebros y creencias. Nadie piensa. ¿Para qué? Ya nos dirán lo que tenemos que sentir, pensar y creer. Una sociedad de seres carentes de conciencia propia que repitan las consignas dictadas como mantras. Esa es la finalidad de su manipulación.

Ahora bien, lo triste no es que piensen en hacerlo; ni siquiera es que lo intenten; lo triste es que lo han conseguido. No hay más que echar un vistazo alrededor. Un país poblado de ninis horteras y estúpidos que gritan sin hablar y hablan sin pensar. De otra manera no puedo explicarme mi país. No puedo explicarme que haya alguien que diga una solemne estupidez y el resto le siga como autómatas. De otra manera no puedo explicarme nuestra sociedad. No puedo explicarme estúpidas campañas a favor de personajes públicos sentenciados por un juez. Ni tampoco, por supuesto, soy capaz de explicarme de otro modo el resultado de las elecciones.

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