15/6/18

La vida pasa

Antes de salir el sol todo es brumoso. Todo está apagado. Parece triste. Antes de salir el sol todo está oscuro y en silencio. La sombra acecha. El miedo recorre tu espina dorsal. Antes de que salga el sol todo está cerrado y quieto. Los ruidos arañan tu cerebro. La saliva se vuelve espesa. La mirada difumina los extremos volviéndose estrecha. Antes de salir el sol tus latidos se aceleran. El pulso enloquece. Las sienes zumban. Los sentidos se agudizan. Antes de salir el sol la mirada anhela. El beso se roba. La belleza se inhibe. Antes de salir el sol hay un momento en que todo está morado. 


Antes de ponerse el sol se va coloreando el paisaje. Las silenciosas esquinas son calles transitadas y vivas. La sombra se escurre bajo los coches. Se esconde. Antes de ponerse el sol ves la fuente de cada sonido y no tienes que estar al acecho. La risa fluye. La verdad ilumina tus silencios. Antes de ponerse el sol el beso es puro. Los ojos brillan. Los niños corren. Los amantes se aman. Antes de ponerse el sol la vida es plena. Los balcones se manchan de rojos y rosas. Las sonrisas se regalan. Antes de ponerse el sol se descorcha la botella. Los amigos se juntan, ríen yhablan. Antes de ponerse el sol hay un momento en que todo es azul oscuro. 


Y, entretanto, mientras vamos yendo del azul oscuro al morado y viceversa, la vida pasa.

6/3/18

Me declaro imbécil




Lo que para nosotros es una certeza, para usted puede ser una opinión. De igual modo, lo que para usted es una creencia, para nosotros puede ser una superstición. Desde el punto de vista de uno se ven las cosas de un modo diferente al de otro. No obstante, hay cuestiones que no dejan de ser certezas irrefutables. Es decir, el cielo es azul aquí y allá. El sol calienta su cuerpo y el nuestro por igual. El punto de vista no tiene que ver nada en esta ecuación. Lo que queremos decir con estos ejemplos paupérrimos es que hay cosas que son lo que son por más que nos queramos negar.

De entre esas cuestiones las hay que tienen, o deberían, una gran importancia sin depender de la ideología de cada uno. Pues hay principios universales en los que nos debemos poner de acuerdo todos sin tener en cuenta el punto de vista que tengamos. Nos referimos a las cuestiones que inciden en el bien común de un país, de un colectivo o de toda la humanidad. Son esos principios fundamentales que todos tenemos en mente. La igualdad, la libertad, la fraternidad, la legalidad… Todos aquéllos principios que parecen trasnochados y que, por estar ninguneados por todos, tanto echamos de menos en la sociedad actual y tanto reclamamos.

Hay una frase antigua que dice: “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” eso es cierto. Nosotros, modestamente, añadiríamos que el pueblo que no conoce su pensamiento está condenado a olvidarlo y, por lo tanto, a olvidar la solución a las grandes cuestiones existenciales que se le presenten. Si pudiesen leer algo de, por poner solo unos cuantos ejemplos, Platón, Schopenhauer, Nietzsche, Kant, Aristóteles, Ortega y Gasset…, verían lo actuales que son la mayoría de los problemas que señalan en sus escritos.

Pero los distintos gobiernos de los países han denostado la cultura en general y despreciado las humanidades en particular. Usándolas como un pasto en el que pudiesen retozar gentes malintencionadas creadoras de falsas historias con el fin de enfrentar a los unos con los otros. Levantando, a su vez, unas fronteras ideológicas, culturales, e incluso bélicas (si el interés propio así lo dictase), antaño superadas. Todo ello basado en un bastardo interés autocomplaciente y onanista. Pero no solo, porque así también se aseguran tener una cueva en la que depositar el botín tomado del pueblo entre vítores y agasajos.

De modo que, con estas medidas políticas tan estúpidas aunque beneficiosas, han utilizado la cultura para crear una sociedad inculta. Tomaron un mundo herido de muerte y hace tiempo que, triste desgracia, se convirtió en una masa egoísta, vocinglera e ignorante. La fuente más importante para la evolución de los pueblos es la cultura y la razón. Con ellas se toman los trabajos de pensadores anteriores y se actualizan, modernizan y superan, haciendo avanzar a las generaciones venideras. Pero ningunearon la cultura tratándola como un manoseado y sucio billete en un burdel barato.

En consecuencia, tenemos una sociedad en que una idea política decimonónica, nos suena a novísima. Nos han ido adoctrinando para, cual perrillos de Pavlov, ladrar los mantras de nuestros gurús políticos al escuchar la campana de su mandato. Esto nos lleva a tener una sociedad lo más polarizada posible. En la que se hace imposible cualquier atisbo de crítica sin que te tomen como loco, anarquista o un imbécil. Un mundo en el que criticar a unos es ser, indefectiblemente, un férreo defensor de los otros. Una masa vocinglera, que no sociedad, en que la demagogia es la mayor de sus certezas.

Porque cualquier demagogo que sepa ver la actualidad y sepa buscar sus problemas, podrá hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados en sus distintos países. Hace tiempo que Groucho Marx dijo que eso era la política. Aquélla cita del genio neoyorquino era un sarcasmo. Sarcasmo que hoy en día se ha hecho realidad. Si a esta ecuación le añadimos un pueblo adoctrinado  e ignorante, entenderemos los actuales resultados electorales. Ese es uno de los motivos por los que el populismo está ganando enteros en la política mundial. Porque, y esto nos debería hacer pensar, la clase política es un reflejo de la sociedad en que vivimos. De un pueblo intelectualmente herido nace la peor generación política de la historia, con el riesgo que eso conlleva.

25/2/18

Que nada nos detenga.

Es imposible hacer que los demás vean tu dolor. Nadie entiende tus quejas. Es un dolor de espalda, dirán. La espalda le duele a todo el mundo. Pero lo que no saben, aunque lo digas, es que desde hace más de treinta años no sabes lo que es pasar un día sin dolor. Reúnes valor y vas al médico, te dice que te hagas pruebas y te ve esta u otra lesión. La solución: operar. 

Pero someterte a una intervención de esa envergadura da miedo y genera muchas dudas. Preguntas a quién te quiera escuchar si puede haber alternativa. Te recomiendan ir a pilates, yoga o lo que sea. Te agarras a ello como a un clavo ardiendo. Empiezas a ir a natación u otra actividad, que vaya bien para la espalda. La intensidad del dolor baja y decides seguir con ese tratamiento conservador. 

Puede que todo vaya bien durante dos o tres años. De pronto, todo se fastidiará, y empezarás a tener dolores más intensos y continuos. Te vuelven a hacer pruebas, te mandan medicación varia. Nadie en tu trabajo entiende que tengas que pedirte una y otra baja. Vuelves a escuchar el, si es un dolor de espalda... Vas al trabajo con dolor. Llevas al trabajo almohadilla térmica, un tens (electrodos adheridos a la piel cuyas descargas relajan la zona), pides el alta aún con dolor y nadie, en absoluto, te lo tendrá en cuenta. Cuando la desesperación se apodera de ti, decides operarte. Si no hay problema postoperatorio, bien. 

En mi caso, salí de quirófano con mucho dolor. Tras varios días de dolores insoportables y pruebas descubren que se movió un tornillo. Me recomiendan volver a intervenir. Parece que la cosa iba mejor pero a los dos meses vuelvo a tener dolores. Se van haciendo más intensos y continuos. Puede ser que hayas hecho fibrosis, me dijeron, vamos a probar con un bloqueo. Tras someterme al bloqueo, sigue todo igual. Aumentan medicación pero nada. Así que me operan de nuevo para reducir fibrosis. Nada. Todo sigue igual. Los dolores vuelven a reproducirse. 

He llegado a dudar de mi tolerancia al dolor... he llegado a dudar de todo... dudo de mi. Absolutamente de todo. Hay mucha incomprensión a nuestro alrededor. Incomprensión y te invade la tristeza. Siempre digo que daría diez minutos de dolor a cuantos duden un poquito de nosotros. Es muy duro. Tienes que justificarte ante todo el mundo. Es muy difícil ser escritor, o como en mi caso querer serlo, y no poderte sentar a escribir. Es complicado tener un libro editado y no poder presentarlo ni comercializarlo por si tiene consecuencias con tu trabajo y con la Seguridad Social. Es muy duro que cada asiento de tu casa no te valga. Que tu coche no te sirva porque es muy alto y no puedes subir o muy bajo y es incómodo y te duele. 


Todo eso duele, pero duele más no poder hacer aquello que te gusta, tener que cambiar tu vida y que los que tenemos al lado sufran por nuestra culpa. Esos, nuestros héroes. Los que se merecen todo. Por ellos hay que aguantar cuánto se pueda. Hay que tirar con todo hacia adelante, como se pueda. No ceder a la desesperanza, la ansiedad, la depresión y el dolor. Darle importancia máxima a un momento de sonrisa provocado por un hijo, un sobrino, tu pareja, una película o lo que sea. Exprimir cada segundo bueno, que en nuestro caso son eso: momentos que no duran más que unos pocos segundos. Hay que seguir adelante. Como sea. Apretar los dientes. Por ellos. Por los que nos quieren, que son héroes. Son nuestros héroes, se lo merecen. Y nosotros también lo merecemos, claro. Nadie más.

21/2/18

A vueltas con el himno.



Dinos, oh musa, cómo podemos aclarar nuestras ideas para el caso que nos ocupa. ¿Que no te crees lo que te decimos? Claro que es así. Tal como te lo contamos, oh musa, pues ya sabes eso que se dice que España es diferente. Pero no es que sea distinta por el sol que ilumina sus playas y paisajes, no. Lo es porque no nos ponemos de acuerdo para nada. Por eso es tan importante que ilumines nuestros cerebros para que podamos hacer que la gente entienda lo acaecido. Así pues, oh musa, haznos ese favor que con tanta postración te rogamos, porque estamos entre tinieblas. Incapaces de ver nada que haya ante nuestras narices. Tenemos una niebla en nuestros sesos que no nos deja ver la solución a este embrollo. ¿Cómo? ¿Dices que ordenemos los hechos, analicémoslos y después extraigamos conclusiones? De acuerdo, oh enormérrima Clío, así lo haremos.

Lo primero de todo lo que hay que decir es que este lío comenzó con una ocurrencia. La ocurrencia de una cantante de poner letra al himno nacional español sin que nadie se lo pidiese. A raíz de dicha canción, como cabría esperar, se han sucedido reacciones de todo tipo y pelaje. Los hay que detestan la letra porque la ha escrito Marta Sánchez. Los que lo detestan porque es el himno español y, cuando de un símbolo español se trata les repele; y, por otra parte, los hay que dicen que es algo excelso y digno de encomio y una acción tan heroica como si del valeroso Aquiles o el ingenioso Odiseo se tratase. Algo así como si Calíope y Euterpe hubiesen visitado a la compositora de la nueva letra del himno. En nuestro caso, en un principio, nos pareció algo fenomenal.

Porque fenomenal nos parece que alguien intente que un símbolo común que a cada momento se va agostando dejando de representarnos a todos. Un símbolo que está en desuso y se desempolva de cuando en vez si nuestros deportistas obtienen algún éxito de menor o mayor calado. Un símbolo que se está diluyendo. Decimos, por tanto, que es fenomenal que alguien intente modernizar ese símbolo. Con la sana intención de lograr que nos represente a todos los españoles. Así que nos parece fabulosa la intención de Marta Sánchez cuando cantó el pasado fin de semana, con la letra que ella compuso, un remozado himno de España.

Porque entendemos que esa fue su intención. Esperamos que organizar todo este lío no haya sido con el propósito de que se hable de ella. En caso de serlo, nos parecería deleznable y asqueroso que alguien utilice un símbolo nacional para tal fin, se pase por el forro las consecuencias de esta acción por tan egoísta fin.  Pero vamos a continuar con este relato suponiendo que la intención haya sido desinteresada. No obstante, Marta Sánchez es reincidente, pues hace unos cuántos años fue a cantarles a las tropas desplegadas en el extranjero su canción “soldados del amor” como antes hiciera, salvando unas más que siderales distancias, Marilyn Monroe. Ahora ha cantado el himno, protagonizando otra segunda parte de lo que ya hiciera una artista norteamericana, en este caso la ínclita Lady Gaga en la final del campeonato de fútbol americano.

Pero, hete aquí, que hemos escuchado detenidamente la letra que había compuesto Marta Sánchez. ¿Decir, oh musa, que es una parida es demasiado ofensivo? Está bien, entonces lo llamaremos memez, estupidez o chorrada. Así que, todo lo fantástico que nos pareció la sana intención de la artista, deviene en estúpida patochada cuando se escucha, no dos veces, pues no aguanta más de una escucha su versión del himno. Es un gran intento de unir pero, nos tememos por el resultado obtenido, que ha sido un intento fallido. A no ser que esa unión sea en la coincidencia de que todos pensemos que esa letra es una parida.

No obstante, el intento en sí nos parece lo suficientemente importante como para que se tenga en cuenta y hablemos de ello. Todos sabemos que el himno no es más que un símbolo que debería hacernos sentir partícipes de algo mucho mayor que nosotros mismos. Pero este himno, bien por ser una marcha real que incomoda a los ciudadanos con ideas republicanas; bien porque fue utilizado por el dictador en cuántos eventos dispuso; o por cualesquiera otras razones que pudieran darse, no consigue que nos sintamos representados. De modo que intentar que se lleve a cabo una modificación del mismo, o bien que se haga uno nuevo, con el que sí nos sintamos partícipes y representados, nos parece una misión loable.

El problema es que es desde el poder legislativo desde donde se debe acordar tal hecho y no creemos que estén preparados para ello. De hecho, creemos que no están preparados en absoluto. Mucho nos tememos que el talento para llegar a consensos y acuerdos está alejándose de los políticos. Bien por ser incapaces de modificar lo entregado por el anterior régimen; o bien porque se niegan cualquier propuesta realizsda por el rival político sistemáticamente. Por lo que no creemos que se llegue a ningún acuerdo. Además, como son incapaces de trabajar por el bien común, sabemos que a lo que diga aquél se opondrá siempre éste y viceversa. Porque, como decimos, tenemos al frente de nuestras instituciones a los peor generación de políticos de nuestra historia.

Hay quien dice que el himno no es prioritario ahora, que tenemos otras cuestiones más importantes que atender antes que la letra de un himno. Cuestión en que quizá diésemos la razón a quiénes tales argumentos esgrimen, porque puede ser cierto. Ya que las políticas sociales son importantes para la sociedad y es en temas de gran calado, como por ejemplo las pensiones, donde nuestros políticos deberían dar el do de pecho. Pero, porque siempre tiene que haber un pero, paradójicamente los mismos que dan lecciones de moral ante la letra de un himno, también las daban hace unos días por el importantísimo hecho de cambiar el género de la palabra portavoz. Lo dicho, la peor generación de políticos de nuestra historia. Lo peor de toda esta historia es que los políticos no son más que el reflejo de la sociedad en que viven. De modo que, si son la peor generación de políticos de la historia, como nos hemos cansado de repetir, igual nosotros, que depositamos nuestro voto para elegirlos, no somos tan ejemplares como pudiéramos creer.

10/2/18

Consejos para evitar la exclusión.



Permítasenos, oh próceres del buen gusto y diligencia, decir aquí lo que pensamos. Permítasenos, oh dueños de la palabra bien dicha, opinar aquí sobre lo que tengamos a bien hacerlo. Permítasenos también, oh miembros de la censura, decir lo que convenga a nuestras personas, por bien de que nuestra salud, no se vea ésta afectada por guardar muy adentro las incomodidades de nuestros cerebros. Permítasenos finalmente, oh inquisidores todos, dar nuestra opinión con menor o mayor fortuna, pero nuestra al fin y al cabo. Siendo, por lo tanto, nadie más que nosotros culpables de lo que aquí se diga.

De un tiempo a esta parte venimos observando que hay un debate cada vez más intenso en la sociedad sobre la conveniencia, o no, de referirse en cada frase a ambos géneros para hablar de algo. Un debate que está dejando de lado el sentido común y se está violentando en la opinión pública. Una opinión pública que está siendo cada vez más vehemente en sus posiciones. Llegando en nuestra sociedad a unos límites rayanos en guerras cunilingüísticas.

De este modo, hay quien es capaz de decir compañeros y compañeras, viejos y viejas o tontos y tontas, aunque no haya más que un tonto y trescientas tontas, o viceversa. Pero lo malo no es que se equivoque una persona. Lo que es digno de estudio sociológico es que se repita lo que antes se le ocurrió a otro sin pensar, ni querer hacerlo, si ese otro está o no equivocado. Pues, como siempre suele suceder, quienes inician estas campañas son los más responsables de sus consecuencias y, paradójicamente, los menos afectados.

Se dice, y es porque así se cree, que la lengua castellana es machista. O, por mejor decir, que de ella se ha hecho un uso machista porque no se incluye a las mujeres en distintas categorías como pudieran ser los ejemplos antedichos. Ahora bien, se dice todo ello en aras de la búsqueda de una igualdad en la lengua que, según se comenta, no se ha dado en modo alguno a lo largo de la historia. No se dio porque, a su juicio, nuestra lengua categorizaba de modo masculino todo cuanto dijo.

Todo esto vertiendo la opinión de que la lengua ha de ser inclusiva. No sabemos si se conoce el significado de esta palabra. Suponemos que sí porque, cuando tanto uso se hace de ella, se debe saber su significado. No obstante, aquí reflejamos su definición: “Dícese de lo que incluye o tiene virtud y capacidad de incluir”. No logramos entender, entonces, por qué hablan de inclusión quienes, a todas luces, practican lo contrario. Igual es por necedad propia, aunque mucho nos tememos que es por ignorancia ajena.

Porque entendemos que si algo incluye es que hace suyo, arropa e introduce en su mismo conjunto o círculo al resto. En cambio, si separamos en una frase ambos sexos estamos excluyendo a unas y otros. Estamos siendo, pues, exclusivos y no inclusivos, por mucho que así se diga. En cambio, si tomamos por ejemplo la palabra abogado para el conjunto de letrados, estamos incluyendo a abogados y abogadas, ejercientes o no hemos incluido a todos, sin excepción, independientemente de sus sexos, razas, condiciones e ideas políticas. Dándose en este ejemplo la inclusión de la que tanto se habla. En contra de la exclusión que equivocadamente producen como hemos señalado más arriba.

Por otro lado, hemos de decir, que en castellano hay un tercer género gramatical: el denostado neutro. Un género olvidado y denigrado por todos. Pero que puede ser usado para estas intenciones igualatorias. Uno de los usos para los que fue concebido. Pero hay quien usa el lenguaje de manera equivocada. También hay quien tergiversa su intención porque en no pocas ocasiones el género neutro y el masculino son coincidentes en su forma. Nosotros llamamos a quienes se niegan, no saben, o no quieren usar este género: “Neutrófobos” por odiar todo lo que represente el género neutro. A nuestro modo de ver no hay nada menos inclusivo lingüísticamente que un neutrófobo.


Además, y aquí se da una nueva paradoja, quienes tan alegremente hablan de inclusión son más exclusivos que nadie puesto que, además, si se presta atención a sus discursos, no hablan más que de nosotros y vosotros. Diferenciándose ellos mismos de los de enfrente. Queriendo hacer distintos a unos y otros. Excluyendo en lugar de aunando. Porque en lugar de hablar de todos nosotros intentando, ahora sí, incluirnos a todos en el bien común que supuestamente persiguen, o deberían, hacen que nos diferenciemos entre nosotros y vosotros. Retorciendo su intención inicial de incluir para realmente excluir al diferente.


Con este alegato pretendemos que se huya de este modo tan exclusivo de decir, de hablar y, como hemos visto, de pensar. Para, efectivamente, ser inclusivos y perseguir el bien de todos en todos los ámbitos de la vida. Porque así nos irá mejor. Aunándonos. Buscando un bien común en toda batalla que se libre. Un bien común que, además, debería ser la meta de quienes hablan desde el congreso de los diputados. Entendemos, pues, que el error ha de ser corregido y enmendado. Por este motivo lo señalamos. Aunque mucho nos tememos, por el hecho bien sabido de que el grosor de la piel es inversamente proporcional a la necedad humana, que en lugar de corrección estas palabras se tomarán como insulto.